La primera jornada concluye con una lectura optimista: España tiene infraestructuras, empresas y conocimiento para construir una economía digital basada en confianza, formación y colaboración.
El futuro digital de España se está construyendo sobre dos pilares cada vez más visibles: talento y confianza. Esa fue la idea que marcó el cierre de la primera jornada de DigitalES Summit 2026, un foro que volvió a reunir a representantes institucionales, empresas tecnológicas, consultoras, universidades, medios de comunicación y expertos en formación. La conclusión fue nítida: la transformación digital ya no depende solo de desplegar redes, invertir en plataformas o incorporar inteligencia artificial. Depende, sobre todo, de formar a las personas adecuadas y de generar un entorno en el que ciudadanos y empresas se sientan seguros para avanzar.
La confianza como punto de partida
La primera de las mesas finales situó el foco en una cuestión esencial: no habrá una economía digital sólida sin confianza. Marta Rico, de la Agencia Española de Protección de Datos; Fran Costas Bargados, de Deloitte; Ignacio Herreros Margarit, de DIGI España; Alba Arqueros, del Gabinete de la Presidencia del Gobierno; Alexandra Juanas, de MasOrange; y Juan Antonio Muñoz-Gallego, de The Objective Media, compartieron una reflexión común sobre cómo impulsar una sociedad digital más segura, transparente y útil.
El debate dejó una idea especialmente relevante: la confianza no es un elemento accesorio, sino una auténtica infraestructura invisible. Protege al usuario, fortalece a las empresas y permite que la innovación avance con legitimidad.
Un ecosistema más maduro
El tono general fue positivo porque el diagnóstico también lo fue. España cuenta con un ecosistema digital más maduro que hace una década, con operadores, compañías tecnológicas, instituciones públicas y medios especializados capaces de conversar sobre los grandes retos desde una mirada común.
La digitalización ya no se entiende como una carrera puramente tecnológica, sino como una transformación económica, social y cultural. Ese cambio de enfoque resulta decisivo. La protección de datos, la ciberseguridad, la conectividad, la inteligencia artificial y la comunicación responsable forman parte de una misma arquitectura. Cuando esas piezas funcionan de manera coordinada, el resultado es una economía más competitiva y una ciudadanía mejor preparada.
El talento como gran prioridad
La última mesa redonda del día abordó uno de los grandes desafíos de país: el talento y la educación. Javier Rodríguez Torres, director general de Planificación y Gestión Educativa, abrió un debate en el que participaron Antonio de Luis Acevedo, de Fundae; Mario Santiago, de InfoJobs; Cristina Marina Hernández Carmona, de MinData; Óscar García Suárez, de la Universidad Politécnica de Madrid; y David Corral Hernández, de Radiotelevisión Española.
La conversación apuntó a una evidencia: el futuro digital no dependerá únicamente de las herramientas que se desarrollen, sino de la capacidad para formar a quienes deberán usarlas, diseñarlas, explicarlas y mejorarlas. La tecnología necesita talento para convertirse en progreso.
Educación para una nueva economía
El vínculo entre educación y empleo aparece como una de las grandes claves de la próxima década. La economía digital exigirá perfiles técnicos, pero también profesionales híbridos: especialistas capaces de combinar datos, comunicación, gestión, creatividad, ética y conocimiento sectorial.
Ese enfoque abre una oportunidad de enorme alcance. España puede reforzar su posición si conecta mejor la formación profesional, la universidad, la empresa y la administración. La formación continua será determinante para que trabajadores, jóvenes y empresas no solo se adapten al cambio, sino que participen activamente en él. La empleabilidad digital será uno de los grandes indicadores de competitividad nacional.
Colaboración público-privada
Otra de las ideas más repetidas durante la jornada fue la necesidad de cooperación. El futuro digital exige inversiones, regulación inteligente, seguridad jurídica y visión empresarial. Ningún actor puede resolver por sí solo un proceso de esta magnitud.
El contraste con etapas anteriores resulta significativo. Durante años, la digitalización se abordó de forma fragmentada. Hoy, en cambio, el debate se plantea de manera más integrada: redes, talento, confianza, datos, infraestructuras y capacitación forman parte de una misma estrategia. Este hecho revela una mayor conciencia institucional y empresarial sobre el papel de la tecnología como motor de productividad.
Un cierre con vocación de futuro
Antonio Hernando, secretario de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales, cerró la primera jornada del DigitalES Summit 2026 con un mensaje alineado con el espíritu del encuentro: España debe seguir avanzando en infraestructuras digitales, conectividad y capacidades tecnológicas, pero sin perder de vista el factor humano.
La jornada, acompañada por Patty Bonet, dejó una imagen clara de hacia dónde se dirige el sector. El país dispone de una base sólida para crecer, pero el verdadero salto dependerá de cómo se gestione el talento y de cómo se refuerce la confianza de ciudadanos y empresas. El latido digital ya no es una promesa: es una agenda de país.
