El Informe de Seguridad de Anuncios 2025 presume de un salto defensivo: más bloqueos, menos errores y una guerra abierta contra estafadores que ya usan IA generativa.
Más del 99% de los anuncios que infringen políticas ya no llega a publicarse.
Google sostiene que el giro viene de integrar Gemini en su cadena de detección.
El balance anual es descomunal: 8.300 millones de anuncios fuera y 24,9 millones de cuentas suspendidas.
Pero el dato que define el nuevo enfoque es otro: un 80% menos de suspensiones erróneas a negocios legítimos.
Una limpieza de 8.300 millones y 24,9 millones de cuentas
El Informe de Seguridad de Anuncios 2025 dibuja una escala industrial: 8,3 mil millones de anuncios bloqueados o eliminados y 24,9 millones de cuentas suspendidas. Son cifras que, por sí solas, hablan de dos realidades simultáneas. Primero, de la capacidad de distribución de la maquinaria publicitaria: donde hay volumen, hay incentivo para el abuso. Segundo, del tamaño del problema: la economía del engaño no es marginal, es un negocio de escala.
Dentro de ese gran total, Google identifica un frente especialmente sensible: las estafas. Ahí asegura haber neutralizado 602 millones de anuncios y 4 millones de cuentas vinculadas a fraudes. El contraste con años anteriores —aunque no se aporten comparativas completas— resulta demoledor: las campañas maliciosas ya no buscan colarse “a mano”, sino automatizar el engaño como si fuera marketing legítimo. Lo más grave es que, si esa presión existe, la seguridad deja de ser un filtro técnico para convertirse en un factor de estabilidad económica.
De palabras clave a “intención”: el salto técnico que presume Google
El argumento central es metodológico: Gemini permitiría abandonar la vigilancia basada en palabras clave para aproximarse a la intención. Google afirma que sus modelos analizan “cientos de miles de millones de señales” —antigüedad de la cuenta, patrones de comportamiento, estructuras de campaña— para anticipar el daño antes de que exista visibilidad pública.
“Nuestros sistemas capturaron más del 99% de los anuncios que violan las políticas antes de que se publicaran”, sostiene Keerat Sharma, vicepresidente y responsable de Privacidad y Seguridad de Ads. La frase no es menor: promete prevención, no reacción. Y ahí está el cambio de paradigma. En un mercado donde el fraude suele ir un paso por delante, identificar intención significa perseguir patrones, no textos. Sin embargo, esa promesa abre un debate inevitable: cuanto más “interpreta” la IA, más relevante se vuelve el control sobre falsos positivos, sesgos y trazabilidad de decisiones.
Estafadores con IA generativa: la carrera se libra en tiempo real
Google admite el elefante en la habitación: los malos actores están usando IA generativa para producir anuncios engañosos “a escala”. La consecuencia es clara: si el atacante automatiza, el defensor debe hacerlo también, y con latencia mínima. De ahí la apuesta por el bloqueo en el mismo instante del envío.
La compañía asegura que, a finales del año pasado, la mayoría de los Anuncios Adaptables de Búsqueda (Responsive Search Ads) creados en Google Ads ya se revisaban “instantáneamente”, con el contenido dañino bloqueado en el momento de su remisión. El objetivo declarado es extender esa capacidad a más formatos.
Aquí el matiz importa: la seguridad publicitaria ya no se mide solo por cuántas piezas se eliminan, sino por cuánto tarda el sistema en actuar. En un entorno de clics impulsivos y funnels ultraoptimizados, minutos de exposición pueden equivaler a miles de víctimas potenciales. La rapidez, por tanto, es también una forma de reducir daño reputacional… y futuras reclamaciones.
Verificación de anunciantes: el segundo muro contra la infiltración
Pese al protagonismo de Gemini, Google insiste en otra capa que no depende del modelo: la verificación de anunciantes. Es una pieza menos vistosa, pero estratégicamente decisiva. Validar identidades y bloquear a agentes maliciosos antes de que entren en el sistema pretende elevar el coste de operar para el estafador, que vive de la rotación constante de cuentas.
Este hecho revela una lógica de seguridad clásica: no basta con detectar el ataque, hay que elevar el umbral de entrada. Si la identidad es verificable, el fraude pierde anonimato; si pierde anonimato, sube el riesgo legal y baja la rentabilidad.
El problema, sin embargo, es el equilibrio. Un sistema de verificación demasiado laxo se convierte en teatro. Uno demasiado estricto expulsa a pequeños anunciantes, sobre todo en mercados fragmentados. En la práctica, la eficacia real dependerá de cuán homogéneo sea el control entre países y de la capacidad para impedir que intermediarios creen “capas” de opacidad. La seguridad, aquí, es gobernanza.
Menos daño colateral: por qué el 80% de reducción importa de verdad
Uno de los datos más políticos del informe no es cuántos anuncios se tiran, sino cuántos se salvan. Google afirma que Gemini permitió reducir un 80% las suspensiones incorrectas de anunciantes legítimos al distinguir mejor entre ofertas creíbles y “señuelos intrincados”. En un ecosistema donde la publicidad es oxígeno, un bloqueo erróneo puede significar semanas sin ventas, pérdida de posicionamiento y costes legales.
Lo relevante es el mensaje: la seguridad ya no puede justificarse solo con dureza. Si el sistema arrasa por error, pierde confianza y provoca lo contrario de lo que promete: anunciantes desesperados buscando atajos, plataformas alternativas o estrategias más agresivas.
La precisión, además, tiene efectos económicos directos. Reduce soporte, apelaciones y fricción con pymes; y concentra a los equipos humanos en lo complejo. En términos de gestión del riesgo, eso equivale a asignar recursos donde la IA aún no llega. Y donde el estafador, precisamente, intenta sofisticarse.
Cuatro veces más reportes procesados y el problema que no desaparece
Google presume de velocidad también en la trinchera del usuario: en 2025 habría procesado cuatro veces más reportes que el año anterior. Es una mejora operativa que apunta a una verdad incómoda: siempre habrá algo que se cuele. Por sofisticado que sea el sistema, el mercado publicitario es adversarial por diseño: cada regla crea un incentivo para burlarla.
La consecuencia es clara: la seguridad será un coste permanente, no un proyecto con fecha de cierre. Y esa permanencia tiene lectura regulatoria y empresarial. Reguladores y anunciantes demandan explicaciones; los consumidores, reparación; y la plataforma, continuidad del negocio sin erosionar la experiencia.
El informe, en el fondo, intenta consolidar una idea: la seguridad no es solo “limpieza”, es también estabilidad del sistema. Pero el verdadero examen llega después del titular. Si el fraude migra a nuevos formatos, si los estafadores industrializan identidades falsas o si la IA comete errores a gran escala, la métrica decisiva no será el 99%… sino la capacidad de corregir sin romper el mercado.
