La innovación no es simplemente crear tecnología. Innovar es resolver problemas reales. Bajo esta premisa arrancó una nueva edición de Tech Talk by Scheler Academy en Negocios Televisión, con un debate que puso el foco en dos historias muy distintas, pero unidas por un mismo propósito: transformar la experiencia personal en impacto colectivo.
Por un lado, el emprendimiento en salud digital desde la experiencia directa de la enfermedad. Por otro, la reinvención de los comparadores hacia un modelo más humano en plena era de la inteligencia artificial. Dos trayectorias que demuestran que la tecnología, sin propósito, es solo infraestructura.
De paciente a fundador: la salud digital como terapia
Con tan solo 16 años, Ismael lidera SamiraDTx, una startup centrada en el desarrollo de terapias digitales con evidencia clínica. Su motivación nace de una experiencia personal: convivir con COVID persistente desde los 12 años. Fatiga extrema, problemas de memoria y una ruptura total con su vida anterior marcaron un punto de inflexión.
La clave llegó cuando descubrió que el uso de videojuegos mejoraba su capacidad de retención, algo posteriormente validado por su neurólogo. Esa vivencia abrió una pregunta estratégica: si funcionaba en su caso, ¿por qué no escalarlo a otros pacientes?
Así nace una compañía que entiende la terapia digital como software con eficacia y seguridad demostrada clínicamente. No se trata de apps de bienestar, sino de herramientas prescribibles que complementan —o en algunos casos sustituyen— tratamientos farmacológicos.
El mercado potencial es significativo. Solo en el País Vasco se estiman alrededor de 10.000 personas con COVID persistente. A nivel global, las cifras son mucho mayores. Además, SamiraDTx ya trabaja en desarrollos como un videojuego terapéutico para pacientes con Parkinson que activa el sistema dopaminérgico durante el juego, abriendo la puerta a nuevas formas de intervención no invasiva.
El objetivo es claro: integrar estas terapias en el sistema sanitario, a la espera de una regulación específica en España que permita su prescripción médica formal. Paralelamente, la compañía ya explora alianzas internacionales en Latinoamérica y Oriente Medio.
De comparador a gestor integral: la humanización como ventaja competitiva
En paralelo, Eduardo presentó la evolución de ROAMS, una plataforma nacida en 2013 tras una experiencia personal con una reclamación telefónica que terminó en un fichero de morosos. Aquella vivencia reveló una oportunidad: empoderar al consumidor frente a la opacidad de grandes compañías.
Con el tiempo, la plataforma pasó de comparar tarifas de telefonía a integrar seguros, energía, alarmas, hipotecas y préstamos. Hoy opera en una industria que, solo en España, mueve 188 billones de euros.
Un dato clave ilustra su dimensión: alrededor de 15 millones de usuarios visitan la plataforma cada año, generando más de un millón de llamadas solicitando ayuda. Sin embargo, el verdadero giro estratégico no ha sido tecnológico, sino conceptual.
En un entorno donde la mayoría de competidores apuestan por el modelo “digital first”, ROAMS adopta una visión “human first”. Aunque utiliza inteligencia artificial para optimizar procesos internos y captación, mantiene una atención 100% humana para la gestión final. El argumento es contundente: el 85% del mercado sigue demandando interacción personal cuando se trata de resolver problemas complejos del hogar.
La pandemia fue un punto de inflexión. El negocio en telecomunicaciones pasó de 100 a 0 de forma abrupta, obligando a diversificar y acelerar la transformación. Lejos de frenar su crecimiento, el cambio permitió ampliar servicios y redefinir el modelo hacia una plataforma integral de gestión.
Tecnología, datos y propósito
Ambos proyectos comparten un elemento estructural: el uso inteligente de los datos. En salud, la personalización terapéutica apoyada en inteligencia artificial puede optimizar tratamientos y mejorar adherencia. En servicios del hogar, el análisis integral de consumos anuales permite recomendar tarifas ajustadas y ejecutar cambios reales.
Pero también comparten una advertencia: más tecnología no siempre implica más valor. Sin foco estratégico, sin métricas claras y sin validación mediante ingresos o resultados clínicos, la innovación se diluye.
El consejo que emergió del debate es pragmático: foco, disciplina en el análisis de datos y validación constante del modelo de negocio. Las rondas de financiación pueden acelerar, pero la sostenibilidad la marcan los ingresos y el impacto real.
Reflexión final: el propósito como motor
En un ecosistema donde la inteligencia artificial avanza a gran velocidad, la conversación dejó una reflexión poderosa: la tecnología debe amplificar lo humano, no sustituirlo sin criterio. Hay eficiencia en la automatización, pero también confianza en la interacción personal.
Innovar no es competir por tener el algoritmo más sofisticado. Es identificar fricciones reales —en la salud, en la energía, en los seguros— y diseñar soluciones que mejoren la vida de las personas.
Porque cuando la innovación nace de una experiencia auténtica y se construye con datos, foco y resiliencia, deja de ser una tendencia para convertirse en transformación.
Y pocas historias representan mejor esa combinación de propósito, tecnología y determinación que la de Ismael.
