La enciclopedia que demanda a la inteligencia artificial: Britannica contra OpenAI

Diego Fierro Rodríguez

 

I. El choque entre dos modelos de conocimiento

La historia de la Encyclopaedia Britannica constituye una metáfora de la evolución de la transmisión del saber occidental. Fundada en 1768 en Edimburgo como enciclopedia impresa, ha atravesado revoluciones tecnológicas que han transformado su soporte pero no su esencia: la producción de contenido verificado, elaborado por especialistas humanos, sometido a rigurosos procesos de revisión editorial. La irrupción de la inteligencia artificial generativa, particularmente mediante los modelos de lenguaje desarrollados por OpenAI, ha generado una tensión que la demanda presentada el 13 de marzo de 2026 ante el Tribunal Federal del Distrito Sur de Nueva York convierte en conflicto jurídico de primera magnitud.

Lo anterior me sugiere que estamos ante un litigio que trasciende la mera disputa por compensación económica. La Civil Action No. 1:26-cv-2097, interpuesta por Encyclopaedia Britannica, Inc. y Merriam-Webster, Inc. contra nueve entidades del grupo OpenAI, plantea cuestiones fundamentales sobre la legitimidad de los modelos de negocio basados en la apropiación masiva de contenidos protegidos. La demanda no cuestiona la tecnología en sí misma, sino la configuración de su desarrollo mediante la utilización no autorizada de obras que representan siglos de inversión intelectual.

Debe tenerse en consideración que las demandantes no son entidades cualquiera. Britannica, con más de 250 años de trayectoria, y Merriam-Webster, referencia lexicográfica estadounidense desde 1831, constituyen instituciones culturales cuyo valor reside precisamente en la calidad y fiabilidad de sus contenidos. Su modelo de negocio, basado en suscripciones y publicidad, depende de la exclusividad de su oferta informativa. Cuando ChatGPT reproduce definiciones de Merriam-Webster o genera textos sustancialmente idénticos a artículos de Britannica, no solo vulnera derechos de propiedad intelectual; erosiona la base económica que permite la continuidad de la producción de conocimiento verificado.

II. La arquitectura de la infracción alegada

La demanda identifica tres vectores de infracción de derechos de autor que revelan la complejidad técnica del sistema de OpenAI. El primero, la copia masiva para entrenamiento de modelos de lenguaje, afecta la fase de construcción de los algoritmos. Los grandes modelos de lenguaje que potencian ChatGPT requieren corpus de entrenamiento de magnitud considerable, obtenidos mediante rastreo y extracción de contenidos disponibles en internet. Los demandantes alegan que OpenAI ha copiado aproximadamente 100.000 artículos de Britannica, registrados como trece obras colectivas ante la U.S. Copyright Office, y las definiciones de Merriam-Webster, vulnerando expresamente los términos de uso de sus sitios web.

Considero que este primer vector ilustra una tensión estructural del desarrollo de inteligencia artificial. Los modelos de lenguaje actuales dependen de la disponibilidad de textos de calidad para su entrenamiento; sin embargo, la mayor parte de estos textos están protegidos por derechos de autor. La práctica industrial, hasta ahora predominante, ha consistido en asumir que el acceso público a contenidos web autoriza su utilización para entrenamiento algorítmico. La demanda de Britannica cuestiona esta presunción, señalando que sus términos de uso prohíben expresamente la minería de datos, el uso de robots y la utilización de inteligencia artificial para desarrollo o entrenamiento de sistemas computacionales.

El segundo vector de infracción afecta a los sistemas de generación aumentada por recuperación, conocidos técnicamente como RAG. Estos sistemas permiten que el modelo de lenguaje acceda a fuentes externas de información en tiempo real, mejorando la calidad y actualidad de sus respuestas. La demanda alega que OpenAI utiliza contenidos de Britannica y Merriam-Webster como fuentes de estos sistemas RAG, generando una segunda capa de utilización no autorizada que se suma a la del entrenamiento inicial.

El tercer vector, particularmente relevante para la práctica forense, concierne a los resultados generados por ChatGPT. La demanda documenta casos donde la plataforma produce textos que reproducen literal o casi literalmente contenidos de las demandantes, o que constituyen resúmenes, parafraseos o versiones abridas derivadas de dichos contenidos. Incluye la selección y priorización específica de artículos de Britannica, elemento que la doctrina estadounidense de derechos de autor protege como producto de la creatividad editorial.

III. La vulneración de marcas y el fenómeno de las alucinaciones

La demanda incorpora un bloque de reclamaciones basado en la Ley Lanham, referidas a falsa designación de origen y dilución de marcas notorias. Este aspecto, frecuentemente secundario en litigios sobre inteligencia artificial, adquiere en el caso de Britannica y Merriam-Webster una dimensión particular por la naturaleza de sus publicaciones.

Entiendo que el problema de las «alucinaciones» —contenidos falsos o inexactos generados por el modelo pero presentados como factualmente correctos— adquiere una gravedad especial cuando son atribuidos a fuentes de reconocido prestigio. ChatGPT, según la demanda, genera contenidos inventados que atribuye falsamente a Britannica o Merriam-Webster, o reproduce parcialmente sus artículos omitiendo información esencial sin señalar dichas omisiones. Los usuarios, ante la presencia de las marcas notorias, perciben estos contenidos como completos, exactos y avalados por las demandantes.

La dilución por difuminación, prevista en el artículo 43(c) de la Ley Lanham, protege a las marcas notorias contra el debilitamiento de su capacidad distintiva mediante asociaciones con productos o servicios ajenos. La dilución por menoscabo protege contra la asociación con conductas que dañan la reputación de la marca. La demanda alega ambas modalidades: la primera, porque la utilización de las marcas en contextos de generación automática de contenidos desdibuja su asociación exclusiva con calidad editorial verificada; la segunda, porque las alucinaciones atribuidas a las marcas comprometen su reputación de fiabilidad.

IV. La responsabilidad de las entidades matrices

La compleja estructura societaria de OpenAI —que incluye entidades sin fines de lucro, sociedades limitadas, sociedades de capital riesgo y corporaciones de beneficio público— ha llevado a las demandantes a incluir nueve entidades como demandadas. La demanda distingue entre responsabilidad directa, vicaria y contributiva, configurando un panorama de imputación que abarca desde la copia inicial hasta la distribución final.

Las entidades matrices —OpenAI Inc., OpenAI GP LLC, OAI Corporation LLC, OpenAI Holdings LLC y OpenAI Group PBC— son acusadas de controlar, dirigir y beneficiarse de la infracción cometida por las entidades operativas. Esta configuración responde a la estructura de propiedad cruzada que caracteriza al grupo, donde la entidad sin fines de lucro original ejerce control indirecto sobre sociedades de capital a través de múltiples vehículos societarios.

Asumo que la estrategia procesal de las demandantes busca asegurar la efectividad de cualquier condena futura. La valoración de OpenAI en 730.000 millones de dólares, mencionada en la demanda, y sus recientes operaciones de captación de capital que han superado los 100.000 millones, justifican la inclusión de todas las entidades con capacidad de responder económicamente. La solicitud de daños efectivos, daños legales, restitución de beneficios y orden judicial permanente, acompañada de demanda de juicio con jurado, indica una pretensión de alcance considerable.

V. El contexto del litigio y sus precedentes

La demanda de Britannica y Merriam-Webster se inserta en una serie de litigios similares contra OpenAI que han sido consolidados en litigio multidistrital ante el mismo Tribunal del Distrito Sur de Nueva York. La referencia explícita en la demanda al caso In re: OpenAI, Inc. Copyright Infringement Litigation, No. 1:25-md-3143, revela una estrategia coordinada de editores y autores por obtener compensación por la utilización de sus obras en el desarrollo de inteligencia artificial generativa.

La diferencia sustancial del caso que nos ocupa reside en la naturaleza de las demandantes. Britannica y Merriam-Webster no son autores individuales ni publicaciones de actualidad; son instituciones de referencia cuyo valor comercial reside en la autoridad de sus contenidos. Su modelo de negocio, basado en la confianza del usuario en la verificación humana de la información, resulta particularmente vulnerable a la competencia de sistemas que imitan la forma pero no garantizan el rigor de sus contenidos.

La demanda señala que ChatGPT cuenta con 900 millones de usuarios semanales, cifra que ilustra la magnitud de la potencial afectación. Cada consulta que genera un resultado basado en contenidos de Britannica o Merriam-Webster, sin remitir al usuario a los sitios originales, representa una pérdida de tráfico y, consiguientemente, de ingresos publicitarios o de suscripción. La acumulación de estas pérdidas individuales configura el daño económico que la demanda busca reparar.

VI. La defensa del uso legítimo y sus límites

La respuesta probable de OpenAI apelará a la doctrina del uso legítimo, particularmente a los supuestos de uso transformativo y de utilización de datos para entrenamiento de sistemas de aprendizaje automático. La demanda anticipa esta línea defensiva y la refuta mediante argumentos de considerable fuerza persuasiva.

Considero que la transformación, para ser legítima, debe añadir algo nuevo con un propósito diferente, alterando el original con nueva expresión, significado o mensaje. La demanda sostiene que ChatGPT no añade nueva expresión, significado o mensaje propio; copia la expresión, significado y mensaje de los contenidos protegidos y los reempaqueta para el consumidor. La generación de resultados que sustituyen a los originales, compitiendo directamente con ellos, dificulta la invocación del uso legítimo con fines de investigación o crítica.

El daño sustancial al mercado de las obras originales constituye, además, un factor que la jurisprudencia estadounidense considera determinante en la valoración del uso legítimo. La demanda argumenta que OpenAI ha desplazado el tráfico de los sitios de las demandantes, privándolas de ingresos publicitarios y de suscripción esenciales para la continuación de su actividad. Este desplazamiento, alegan, amenaza con generar una espiral descendente: menos ingresos, menos inversión en contenido, menor calidad, menor tráfico, en un círculo vicioso que compromete la viabilidad misma del modelo de producción de conocimiento verificado.

VII. Implicaciones para el ecosistema digital

El litigio de Britannica y Merriam-Webster contra OpenAI proyecta sombras de considerable alcance sobre el ecosistema digital contemporáneo. La resolución del caso, cualquiera que sea su resultado, establecerá precedentes que afectarán a la industria de la inteligencia artificial generativa en su conjunto.

Una sentencia favorable a las demandantes podría imponer a los desarrolladores de modelos de lenguaje la obligación de obtener licencias para la utilización de contenidos protegidos, transformando radicalmente los costes de desarrollo y los modelos de negocio del sector. La alternativa —la obligación de limitar el entrenamiento a contenidos de dominio público o expresamente licenciados— restringiría significativamente la calidad y diversidad de los corpus de entrenamiento disponibles.

La dimensión de las cifras mencionadas en la demanda —900 millones de usuarios, 730.000 millones de dólares de valoración— ilustra la asimetría entre las partes. Britannica y Merriam-Webster, a pesar de su prestigio histórico, operan en un mercado de nicho comparado con la escala de OpenAI. El litigio representa, en cierto sentido, el intento de las instituciones culturales tradicionales por reafirmar su valor en un entorno donde la escala tecnológica parece haber eclipsado la calidad editorial.

VIII. Conclusión

La demanda de Britannica y Merriam-Webster contra OpenAI constituye un episodio significativo en la reconfiguración de las relaciones entre tecnología, conocimiento y derecho. La enciclopedia que ha sobrevivido a múltiples revoluciones tecnológicas desde 1768 enfrenta ahora a la que quizás sea la más disruptiva: la inteligencia artificial generativa capaz de producir textos que imitan la forma de la erudición sin garantizar su sustancia.

El conflicto planteado trasciende la mera disputa económica entre partes. Interroga sobre el futuro de la producción de conocimiento verificado en un entorno donde la generación automática de contenidos compite desigualmente con la investigación humana. La resolución judicial que se derive de la Civil Action No. 1:26-cv-2097 contribuirá a definir las reglas de juego de este nuevo escenario, estableciendo si la innovación tecnológica puede desarrollarse sobre la base de la apropiación no autorizada de siglos de esfuerzo intelectual, o si la protección de la propiedad intelectual impondrá límites a la expansión de la inteligencia artificial generativa.

La enciclopedia que demanda a la inteligencia artificial encarna, en última instancia, la tensión entre dos concepciones del conocimiento: una basada en la acumulación verificada y atribuible de saber humano, otra en la generación algorítmica de contenidos de apariencia plausible. El tribunal federal de Nueva York deberá determinar si el Derecho de autor estadounidense permite que la segunda se alimente de la primera sin compensación, o si la preservación del ecosistema de producción de conocimiento de calidad exige el establecimiento de barreras jurídicas efectivas.

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