Redactado por Jimena Suárez González, quien es -entre muchas cosas- Abogada especializada en Inteligencia Artificial, LegalTech & Transformación digital. Graduada en el Curso de Alta Especialización en Compliance y Diploma de Alta Especialización en Legal Tech y Transformación Digital de la Escuela de Práctica Jurídica (EPJ) de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), Programa Jurídico Avanzado en Legal Prompting por la IE University, Doble Máster en Acceso a la Profesión de Abogado e Investigación Jurídica por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y Grado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid (UCM).
Nuestro grupo de WHATSAPP:
https://chat.whatsapp.com/IqHOw6tWwY8Kre1M4UU1Hm
¿Debemos preservar el misterio de la creación artística?
“De todos los misterios del universo, ninguno más profundo que el de la creación”.
¿Sabéis que tienen en común “Have I Told You Lately That I Love You”, “People Get Ready” y “You´re Still The One”?
Hace unos años, esa fue la pregunta que Ed Sheeran tuvo que hacer frente a los miembros de un tribunal en EE. UU., a los que, muy a su pesar, tenía que convencer de que “Thinking Out Loud”, su obra cumbre, no era un plagio de “Let´s get it on”, de Marvin Gaye.
La disputa resultó en una victoria para Ed, que, con una defensa impasible (8 años de juicios) defendió que, si una canción de 1973 era la propietaria de una determinada progresión de acordes, ¿qué pasaba con todas las canciones que habían sido creadas con posterioridad?
Nada más, ni nada menos que “El misterio de la creación artística”, como ya señaló Stefan Zweig en su conferencia de 1938 en Buenos Aires.
«Dice, nada más comenzar su discurso, que,
Nuestro espíritu humano es capaz de comprender cualquier desarrollo o transformación de la materia. Pero cada vez que surge algo que antes no había existido -cuando nace un niño o, de la noche a la mañana, germina una plantita entre grumos de tierra- nos vence la sensación de que ha acontecido algo sobrenatural, de que ha estado obrando una fuerza sobrehumana, divina.
Y nuestro respeto llega a su máximo, diría, se torna religioso, cuando aquello que aparece de repente no es cosa perecedera. Cuando no se desvanece como una flor, ni fallece como el hombre, sino que tiene fuerza para sobrevivir a nuestra propia época y a todos los tiempos por venir – la fuerza de durar eternamente (…)».
Increíble, ¿verdad? Estas son las primeras palabras con las que inició su alegato -recomendado encarecidamente- en el que pone de manifiesto la importancia de la combinación de elementos en el proceso de la creación, todo para concluir, que no existe una ley única para la creación artística. Para el autor, la inspiración no era suficiente, tenía que ir acompañado de un esfuerzo – y- como muestra de ello, señala las diferencias entre Lope de Vega y Goethe, o, entre Van Gogh y Leonardo da Vinci.
Así las cosas, hoy es noticia que, “La IA podría reducir hasta un 28% los ingresos por derechos de autor de la música en España”, lo que es el equiparable a una pérdida de aproximadamente 100 millones de euros para los creadores en el año 2028.
Este titular, a su vez, proviene del estudio realizado por la Sociedad General de Autores y Editores, en adelante, “SGAE”, y su recién publicado, “Estudio sobre el impacto económico y social de la IA en la creación musical y sus efectos en otros ámbitos de la cultura”, con la colaboración de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M). Entre los objetivos planteados para realizar este análisis, se encuentran los siguientes:
• Evaluación del cambio en los modelos de negocio musicales
• Investigación sobre la afectación de la IA en el trabajo de los autores de obras musicales
• Explorar como se percibe esta tecnología y la actitud de los diferentes colectivos implicados
• Estimar e impacto económico que puede suponer el uso de la IA en los ingresos por derechos de autor
• Proporcionar una guía para todos los agentes implicados, sobre todo para los reguladores, que, atención, “permita abordar y enforcar correctamente los desafíos e identificar las oportunidades emergentes en este ámbito en permanente evolución”
Con frecuencia – y más en los últimos años- he procurado señalar los efectos adversos del mal uso de la IA en el ámbito de la educación y el Derecho, defendiendo los procesos creativos, la capacidad de hacer preguntas y muchos otros valores adquiridos en estos ámbitos, con el mero objetivo, de recalcar, que, si bien pueden mejorar nuestra forma de trabajar, no hay que dejar que sean herramientas detractoras de nuestras capacidades más humanas.
Definitivamente, existe un punto en común, y es que, con la irrupción -repentina en muchos otros sectores- de esta tecnología, se ha planteado un debate humanista y tecnológico, que, en términos económicos y “marketinianos”, se traduce en “oportunidades y desafíos”.
Así, entre los principales retos para la creación musical, la SGAE ha destacado:
• Diversidad vs. Estandarización
• Competencia
• Transparencia algorítmica
• Diferentes regulaciones
De estos cuatro “retos”, os confieso que me sorprende haber encontrado el concepto “transparencia algorítmica” así como “diferentes regulaciones”. No obstante, no es con un cariz negativo, sino, más bien, positivo.
Aunque sí que nos sigue deslumbrando la capacidad de la IA para elaborar imágenes o audios como si fueran producto de una obra de magia, el uso de estas palabras fuera de los ámbitos tradicionales indica que, ya no creemos en el misterio de la IA, y que, habiendo aceptado que son herramientas que han venido para integrarse en nuestro trabajo, exigimos una mayor transparencia – tanto en los algoritmos detrás de estos procesos – como en la normativa.
Volviendo al Derecho, y, manteniendo presente nuestro deber con la sociedad, resulta interesante, que, como podíamos observar con el Anteproyecto de Ley Orgánica 1/2025, de 2 de enero, de medidas en materia de eficiencia del Servicio Público de Justicia, así como en los datos reflejados en el informe (ya desfasado) de Eurojust 2021 sobre la digitalización – aquello que más miedo nos produce- no es sino, ¡la desconfianza! A mayor desconfianza, mayor rechazo. Si no conocemos como funciona, ya no queremos que forme parte de nuestro día a día, porque, no es que no queramos asistencia, ni mayor productividad.
Lo que no queremos es que se nos proporcione esa ayuda sin saber que debemos a cambio.
No es una disyuntiva entre la adopción de la IA o no. Como sociedad hemos descubierto que no es que desconfiemos tanto de la tecnología (somos muchos los que hemos crecido utilizando herramientas como Garage Band o similares), como de su falta de transparencia. Esto, a su vez, obstaculiza su uso con criterio y, sobre todo, nos impide trabajar con ella de manera ética y responsable.
Una relación simbiótica entre la IA y los procesos de trabajo es factible, y, lejos de titulares catastrofistas, una realidad en muchos aspectos de nuestro día a día. Ahora bien, para concluir, traigo a colación las tres leyes de la robótica (conocidas como las leyes de Asimov), que dicen así:
• Primera Ley, “Un robot no hará daño a un ser humano, ni por inacción permitirá que un ser humano sufra daño”.
• Segunda Ley: “Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas que entren en conflicto con la primera ley”.
• Tercera Ley: “Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o con la segunda ley”.
¿Qué órdenes queremos cumplir y en que dirección queremos que se cumplan?
Perfil de LinkedIn para contacto:
https://lnkd.in/dSVv49Vi
Perfil de LinkedIn de la brillantísima, Jimena Suárez González (Abogada | Legal Engineer | IA, NLP, RPA | LegalTech & Transformación Digital | Compliance (CESCOM®-IFCA Certified) | NovaTalent (Top 3%).:
Nuestro grupo de WHATSAPP:
