Redactado por Jose María Del Río Garay, quien es -entre muchas cosas- Jurista y politólogo. Desarrollador de productos y negocio en el sector jurídico-digital. Exdirector del departamento de soluciones Legalech en Economist & Jurist Group.
Presento un pódcast sobre las novedades del sector tecnológico jurídico llamado «LegalTech Zone».
Dirijo un programa de entrevistas para acercar el conocimiento de abogados expertos a todos los letrados llamado «Casos Reales». He desarrollado varios productos para abogados, incluido Global IA, una base de datos jurídica que utiliza la Inteligencia Artificial para ayudar a todos los juristas a localizar información de manera más ágil y completa.
Como se puede ver, me encanta embarcarme en muchos proyectos, actualmente más centrados en el sector LegalTech, sector que creo firmemente que es una revolución en la manera de entender el derecho y en su manera de trabajar. Experto en Legaltech & Innovation Director | AI & Digital Transformation Strategist | Legal Project Leader
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Eso que tienes en el archivo es oro: el valor oculto de los datos jurídicos en la era de la IA:
A menudo, escucho la frase de que los datos son el nuevo oro de este siglo. Y salvando las distancias con las minas y su extracción, la realidad es que esta frase tiene mucho de verdad. En el mundo interconectado en el que vivimos, hemos pasado de controlar pequeñas parcelas de conocimiento a abarcar cada vez más y más elementos cognitivos. La información es cada vez más accesible y, de hecho, nos bombardean con ella constantemente.
La información, tal y como la entendemos, podría considerarse la interpretación que hacemos personalmente de bloques o conjuntos de datos. De manera que, los datos, son la unidad mínima de conocimiento de una materia. Si hablamos del entorno jurídico, podríamos decir que el conocimiento de pequeños datos jurídicos nos lleva a una información jurídicamente relevante. Es decir, las fechas, los artículos, las peticiones, etc. que encontramos dentro de una sentencia o contrato, son una información completa.
Esta información es vital para nuestro trabajo, ya que la toma de decisiones la hacemos con base en estos datos que encontramos, estudiando las distintas informaciones que nos llegan y tenemos. Ahora pensemos en cuántas de estas informaciones tenemos en nuestros archivos. Cuántos expedientes completos están en las estanterías o en los discos duros de nuestros ordenadores. Cuántos datos jurídicos hemos estado manejando en nuestro día a día.
La revolución está en este cambio de concepto. Ahora prácticamente todo es “datificable”. Este es el verdadero cambio que trajo la IA a nuestras vidas cuando consiguió algoritmos capaces de convertir matrices y números en texto. Ahora, las estructuras lingüísticas, las imágenes, los sonidos, son convertibles y, por tanto, son también considerados datos. Datos, que forman informaciones y que son reproducibles por estos modelos de lenguaje artificiales. Ahora, alimentar los modelos para que sean capaces de reproducir estas inferencias de datos es una prioridad en nuestro día a día, ya que podemos prácticamente duplicar nuestro sistema de razonamiento.
Por tanto, podemos decir que tenemos en nuestro trabajo y conocimiento escrito, oro, petróleo o el símil que queramos utilizar. Puesto que todo este trabajo previo y toda esta información ahora es reutilizable para trasladar esa manera de pensar a estos modelos. Y es más, claro, ahora no solo podemos añadir nuestros propios datos, sino que disponemos también de aquellos que se encuentran abiertos en la red, aumentando nuestra capacidad cognitiva prácticamente al infinito.
Se abren ahora dos reflexiones. La primera es que tenemos que empezar a utilizar ese oro. Tenemos que digitalizar nuestros datos, y generar con ellos especializaciones de los LLM para sacarle mayor partido a estas herramientas. Nos dirigimos precisamente a un sistema de “hiperespecialización” de los LLM en cuanto a que tratamos de imitar nuestro pensamiento haciendo pequeños “finetuneados” o entrenamientos de los mismos. Esto nos está llevando a las IA agénticas, los RAGs especializados que pretenden servirnos a nosotros a través de copiar nuestros datos e inferencias.
La segunda reflexión es el hecho de que no podemos dejar de generar contenido propio. Puede que suene un poco incoherente con lo anterior. Pero la realidad es que, hoy por hoy, los modelos de razonamiento avanzados y la toma de decisiones autónomas no son totalmente autónomos. Lo que quiere decir que estas inteligencias las estamos creando con base en nuestro conocimiento y nuestros datos. Es por ello que no podemos abandonar la idea de crear. Hablo de generar como una máxima del ser humano. De momento, la creatividad en cuanto a nuestro trabajo, o nuestras ideas es algo que no se puede replicar. Y por ello, esto tiene que seguir siendo un trabajo que hagamos nosotros.
Si lo pensamos detenidamente, aunque consigamos que una IA replique siempre nuestros patrones de pensamiento, esto nos llevaría a una repetición exacta de comportamientos, algo que está reñido con nuestro trabajo como juristas. Vivimos en un mundo cambiante, lleno de matices, de aristas y de cuestiones que pueden cambiar nuestra visión del mundo y de los casos que trabajamos. Ante la llegada de dos datos iguales, podemos reaccionar de distintas maneras, puede que por falta de información, por el paso del tiempo, o incluso por nuestro estado de ánimo.
En definitiva, podríamos decir que sí, que todos tenemos oro en la estantería. Con él podemos potenciar mucho estas herramientas que están surgiendo, podemos crear un sistema que infiera como nosotros. Y esto es tremendamente valioso. Sin embargo, no podemos delegar en él nuestra creatividad, ya que para que la rueda siga girando es necesario que sigamos dando nuevas ideas a la inteligencia artificial puesto que si no iríamos poco a poco entrando en una espiral de monotonía en cuanto a la creación e interpretación de la información.
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