Redactado por la brillante escritora y jurista Luna Nogales Jiménez, quien es -entre muchas otras cosas- Graduada en Derecho y Ciencias Políticas por la UAM, especializada en Derecho Digital y Tecnología en el Centro de Estudios Garrigues y con un Máster de Acceso a la Abogacía y Procura por la UNED. Actualmente, se desempeña como consultora en marketing y comunicación legal, uniendo su formación jurídica con el ecosistema digital. Socia de ENATIC y miembro del Consejo de Gobierno de la «comisión Joven» de ENATIC. Apasionada por la escritura, la creatividad, la comunicación y la innovación.
https://www.elconfidencial.com/empresas/2025-09-01/big-four-frenan-contratacion-juniors-20-ia-deloitte-kpmg-ey-pwc_4198834 («Las Big Four frenan la contratación de júniors hasta un 20% por la IA y ponen el foco en los séniors»)
Hace apenas unos días El Confidencial nos sorprendió con uno de sus titulares:
las Big Four planean reducir entre un 10% y un 20% la contratación de jóvenes profesionales en España.
¿El motivo detrás de este recorte? La inteligencia artificial (IA).
Sin embargo, los datos también nos muestran la otra cara de la moneda. Según el Índice de tendencias laborales de Microsoft y LinkedIn, hasta un 48% de las compañías planea prohibir directamente el uso de IA en el lugar de trabajo.
Entonces, ¿en qué quedamos?
Mientras unas empresas abrazan la IA para ganar eficiencia y reducir costes, otras levantan sus muros para evitar los riesgos asociados al uso de esta tecnología.
El mundo corporativo se mueve, literalmente, entre el entusiasmo y la prohibición.
Los paladines de la IA:
El uso de la IA dentro de las organizaciones ya no produce asombro alguno.
Un 40% de los profesionales la usa al menos una vez por semana, un 16% a diario y un 13% varias veces al día, según el estudio elaborado por la Asociación de Abogados Corporativos (ACC), GenAI and Future Corporate Legal Work: How Ready Are In-house Teams?
Aunque numerosas empresas han incurrido en el error de difundir falsas promesas y mensajes poco veraces sobre la aplicación que le dan a la IA (lo que en algunos casos ha derivado en sanciones cercanas al medio millón de euros), lo cierto es que la adopción de esta tecnología dista mucho de ser un mero capricho.
Su implementación responde a resultados tangibles:
Un 86% de las organizaciones afirma haber incrementado la rapidez y eficiencia de sus operaciones gracias a la IA, y un 38% señala mejoras significativas en la calidad del servicio al cliente.
Por ello, no es casualidad que más del 90% de los ejecutivos globales asegure estar ampliando sus iniciativas en este ámbito, con un 74% que ya utiliza estas herramientas para más de una cuarta parte de su trabajo, según Globalization Partners.
La reducción de contrataciones júnior en las Big Four es solo un ejemplo de cómo la automatización comienza a transformar el mercado laboral y vuelve prescindibles a determinados perfiles.
Ámbitos como las finanzas (con sistemas de IA capaces de validar datos y anticipar riesgos), los recursos humanos (donde los algoritmos agilizan la selección y el perfilado de candidatos), o incluso las tareas legales más administrativas (como la revisión de contratos y la gestión documental) evidencian hasta qué punto esta tecnología está reconfigurando funciones tradicionalmente humanas.
Los enemigos de la ofensIvA:
Batallando contra estos datos positivos, aparecen cifras mucho menos jubilosas. Según el informe de la ACC, un 72% de los profesionales percibe que la IA no garantiza la seguridad de los datos, un 66% habla de dilemas éticos aún no resueltos y un 41% confiesa sentir que pierde control sobre su trabajo cuando la usa.
Todas estas dudas comienzan ya a reflejarse en las políticas empresariales.
En sectores especialmente sensibles, como el legal (donde confianza y confidencialidad son valores no negociables), algunos despachos han optado por medidas muy estrictas. Por ejemplo, han prohibido el uso de herramientas como ChatGPT con el fin de evitar fugas de información (un temor compartido por el 71% de las organizaciones españolas, según Cisco Data Privacy Benchmark), salvaguardar la propiedad intelectual (cuestión que preocupa a un 73% de las compañías en España y a un 69% a nivel global) y, sobre todo, preservar el pensamiento crítico que caracteriza a la profesión.
En estos entornos predomina el temor de que una dependencia excesiva de la IA termine por diluir la capacidad de análisis de los profesionales y su autonomía en la resolución de problemas.
Por tanto, no es de extrañar que un 31% de las empresas en España haya decidido limitar totalmente el uso de aplicaciones de IA generativa, frente a un 27% de media mundial.
Estrategia y cultura, las piezas que completan el armazón:
Entonces, ¿cómo pueden reconciliarse ambos bandos? Tal vez la clave esté en no reducir la inteligencia artificial a un tabú ni elevarla a la categoría de tótem, ni prohibiciones extremas, ni adoraciones incondicionales.
Por ejemplo, teniendo en cuenta que un estudio de KPMG concluye que un 76% de las empresas considera que sus profesionales jurídicos tienen un conocimiento limitado sobre IA, ¿por qué no empezar por formar a los empleados? El desafío no radica únicamente en la madurez o la practicidad de la tecnología, también entran en juego factores como la falta de capacitación para utilizarla con criterio y sin miedo, o la escasa claridad a la hora de comunicar su adopción, con narrativas débiles e inconexas.
Y no solo eso, la adopción de la IA debe hacerse con estrategia, no por inercia ni por simple moda. De lo contrario, se generan paradojas como la que revela el estudio de Microsoft y LinkedIn: el 77 % de los trabajadores acaba recurriendo a sus propias herramientas de IA, incluso en organizaciones que ya cuentan con políticas de adopción. Surge así una especie de “IA en la sombra” que, lejos de aportar valor, multiplica las vulnerabilidades en las organizaciones.
De la amenaza a la alianza:
Por tanto, la inteligencia artificial puede convertirse en un buen aliado de guerra siempre que se gestione con responsabilidad. Compartir información con ella, dentro de unos límites bien definidos, no necesariamente implica un riesgo, al contrario, puede ser una gran ventaja competitiva. Cuanto mejor comprenda una IA, la forma en que funciona una organización, más precisas y valiosas serán las respuestas que ofrezca.
Así que, en mi opinión, el verdadero debate debería centrarse en cómo desplegar la IA en el campo de batalla de cada empresa, pues la victoria en el futuro del trabajo no debería dictarla un algoritmo, sino la estrategia con la que las compañías decidan reforzar sus filas.
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