La voz del experto: «Más allá del Estado-Plataforma: un ensayo sobre la propiedad abierta y el bitcoin»

Redactado por Alfredo Romeo Molina, quien es -entre muchas cosas- empresario y pionero en la aplicación de la tecnología a la economía local y la transformación digital basada en datos. Con más de 25 años de trayectoria, es fundador y CEO de Datta Capital, Agentes de IA, Cordoba.info y el grupo hostelero Mirador del Río. Su trabajo conecta inteligencia artificial, datos y negocio para impulsar ecosistemas locales más competitivos, medibles y sostenibles.

No es que debamos “aspirar” a una sociedad de propietarios: es la única salida práctica cuando el modelo vigente se sostiene en emisión monetaria, inflación crónica y pérdida de poder adquisitivo.


Mientras el Estado distribuye rentas contra ingresos futuros indefinidos —deuda hoy, impuestos hoy y mañana— y la Big Tech distribuye atención bajo algoritmos opacos, la ciudadanía queda atrapada en un duopolio de plataformas que administra la supervivencia (subsidio) y la visibilidad (feed).


El resultado es familiar: dependencia, desincentivo y una clase media cada vez más tenue. Este artículo propone una vía de salida, no con revoluciones ni contenedores quemados, sino con contabilidad, contratos inteligentes y tecnología distribuida: propiedad abierta + Bitcoin.

1) Un modelo que caduca desde y por dentro:

Cuando el dinero se fabrica “a golpe de impresora”, el salario real se diluye, el ahorro se evapora y la planificación de largo plazo muere de inanición. A esa dinámica se suma la Renta Básica Universal (RBU) en su versión más habitual: una promesa bienintencionada pero financiada por impuestos crecientes o por creación monetaria. Como red de emergencia puede aliviar; como arquitectura estable, ancla la sociedad a la ventanilla y perpetúa la lógica del “paga el de después”. En paralelo, los mercados de atención operados por tecnológicas globales convierten a negocios y profesionales en arrendatarios de su propio público: si no pagas comisión, desapareces del mapa; si creces, te copian.

No hay herejía en señalar esto: hay diagnóstico. La renta política es difusa; la renta de plataforma, condicionada. En ambos casos, la renta productiva —la que nace de actividades que la gente realmente valora y compra— queda subordinada.

2) La alternativa: redistribuir propiedad del valor que ya existe gracias a la tecnología y la inteligencia artificial:

Propiedad Abierta significa abrir el capital de todo tipo de activos y negocios en fracciones claras, asequibles y transmisibles, con derechos económicos igualmente claros. No hace falta tecnicismo: cada fracción puede dar una parte de ingresos o beneficios y/o utilidades (canjes, accesos, descuentos). El principio es simple: si el activo rinde, cobras; si no, no. Y existe un mercado donde entrar y salir. ¿Especulación? Bienvenida: la formación de precios, que eso es en última instancia la especulación, aporta liquidez y transmite información (reputación, calidad, expectativas). Lo que disciplina no es la censura, sino la luz: datos públicos de actividad.

Hablemos de ejemplos cotidianos —porque el cambio no sucede en laboratorios, sino en la ciudad que pisamos—:

  • Restaurantes: fracciones de la facturación de barra del próximo año y/o créditos de consumo.
  • Tiendas turísticas: participaciones sobre ventas de temporada; los vecinos-inversores prescriben y consumen.
  • Museos y teatros: retornos ligados a entradas/abonos más accesos o experiencias.
  • Hoteles y aparcamientos: rentas vinculadas a ocupación con noches/días preferentes.
  • Medios y software (SaaS): porciones de publicidad o MRR; la audiencia deja de ser “dato” para ser socia.
  • Energía y agro: participación en kWh o kilos vendidos —inviertes en lo que consumes.
  • Logística, gimnasios, aparcamientos de bicis, clubes deportivos, librerías, radios locales…: cualquier flujo repetible y medible puede abrirse a muchos.

Esto no es filantropía ni retórica: es devolver la propiedad del resultado de producir a quienes lo sostienen con su uso y su capital cotidiano.

3) Bitcoin: el esqueleto clave que falta:

Si el dinero fiat se deprecia, hace falta una columna vertebral de ahorro y liquidación que no dependa de la impresora. Bitcoin cumple ese papel: reserva de valor con política monetaria predecible y rail neutral para pagar y cobrar cuando convenga. No se trata de “bitcoinizar” todo; se trata de blindar excedentes y evitar que el esfuerzo se derrita. Operas en la moneda que quieras; ahorras en duro lo que no debes regalar a la inflación.

La combinación es poderosa: rentas ancladas a actividad (propiedad abierta) y ahorro anclado a escasez (Bitcoin). Lo contrario del subsidio difuso y del dinero blando.

4) RBU vs. Propiedad Abierta + Bitcoin: sostenibilidad moral y contable:

  • Fuente de pago: la RBU se financia con el futuro; la Propiedad Abierta paga desde flujos reales.
  • Anclaje a valor: la RBU se erosiona con inflación; la alternativa se apoya en ventas, ocupación, royalties y en ahorro no diluible.
  • Incentivos: la RBU premia existencia; la Propiedad Abierta premia participación y riesgo asumido
  • Poder ciudadano: la RBU te ata al BOE; la Propiedad Abierta te convierte en copropietario.
  • Resiliencia: cheques tambalean con shocks fiscales/monetarios; carteras diversificadas de activos + BTC aguantan mejor.
  • Dignidad: cheque sin voz vs. derechos exigibles sobre actividades concretas.

Una red mínima y focal para vulnerables puede ser razonable; el esqueleto de una sociedad próspera no puede ser una transfusión inacabable. La renta del futuro debe nacer de activos, no de impresoras.

5) Organización post-estatal: redes voluntarias que sustituyen tutelas:

El objetivo libertario no es “mejorar” el viejo orden, sino superarlo con reglas privadas y verificables. Tres piezas bastan:

  1. Mercados ciudadanos de capital: emisiones pequeñas (50–200 € por fracción), reglas simples, datos públicos.
  2. Bancos Locales de Bitcoin (BLB): cajas comunes —no bancos al uso— donde ahorrar en sats, financiar negocios conocidos y cobrar retornos con claridad.
  3. Arbitraje y reputación: resolución de disputas y garantías competitivas sin monopolios lentos, apoyadas en historial económico y acuerdos previos.

La política útil aquí es mínima: marcos ligeros que no criminalicen el acuerdo entre adultos y fiscalidad, que no castigue a quien posea capital y riesgo.

6) Objeciones y respuestas sin rodeos:

“No todo el mundo puede ser inversor.”
Cierto, por eso los tickets son pequeños, los derechos, simples y las utilidades, tangibles (canjes, accesos). No hace falta ser experto; basta entender qué compras y de dónde sale lo que cobrarás.

“Y si un activo falla.”
Pasa. La diferencia es que aquí el riesgo es visible y contractual. Diversificar en muchos activos cercanos reduce exposición. Y el ahorro en Bitcoin sostiene el poder de compra.

“Esto no sustituye servicios públicos.”
No es una cruzada anti nada; es un traslado de poder desde tutelas hacia redes voluntarias. Donde el Estado sea imprescindible, que lo sea con cuentas claras; donde no, que compita.

7) Ética de la libertad con balance

La voluntariedad radical no es egoísmo: es responsabilidad. Quien posee fracciones de los lugares que usa —la mesa donde desayuna, el museo que visita, la radio que escucha, la app que paga— vigila la calidad, prescribe y defiende por interés propio. Lo que antes se pedía por favor al regulador, ahora se exige por contrato al emisor. Menos sermón; más rinde cuentas.

«El valor que generamos localmente debe beneficiar antes que a nadie a quienes lo hacen posible. Esa es la política real: pagar facturas, no emitir notas de prensa»

8) Conclusión: la Inteligencia Artificial y la tecnología como un mecanismo potencial para salir del Estado-Plataforma

La sociedad de propietarios no es una consigna: es la única arquitectura que queda cuando el dinero blando, el subsidio difuso y el algoritmo ajeno han vaciado la soberanía económica. Propiedad Abierta + Bitcoin es una invitación a desobedecer pacíficamente: comprar fracciones, cobrar fracciones, ahorrar en duro; pasar de usuario a co-capitalista; sustituir tutela por contratos; transformar discurso en cuentas.

No pedimos permiso para vivir mejor: lo contratamos. Y cada vez que una familia, un barrio o un sector eligen esta gramática, el duopolio pierde un peón. No será épico ni televisivo, pero es efectivo. Y, esta vez, sostenible.

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