Netflix, la plataforma que revolucionó la televisión a la carta, vuelve a arriesgar con un movimiento que pocos habrían imaginado hace una década: abrir dos recintos permanentes de más de 9.000 m² cada uno para que los fans atraviesen la pantalla y vivan sus series favoritas en primera persona. “Netflix House”, que debutará a finales de 2025 en el King of Prussia Mall (Filadelfia) y en el Galleria Dallas, promete una inmersión total en universos como Stranger Things, Squid Game, Wednesday, One Piece o Knives Out, combinando atracciones físicas, realidad virtual, gastronomía temática y tiendas exclusivas en un mismo lugar. netflix.com
Cada uno de estos espacios superará los 100.000 pies cuadrados —el equivalente a un gran almacén— y sustituirá locales tradicionales en centros comerciales que buscaban reinventarse tras la pandemia y el auge del comercio electrónico. Habrá circuitos de obstáculos que recrean el temido “Luz roja, luz verde” de Squid Game, pasajes de terror inspirados en Hawkins, minigolf con hoyos basados en tramas de anime y un concepto culinario bautizado como Netflix Bites, donde los menús se inspiran en las ficciones más populares. La firma subraya que las experiencias rotarán a lo largo del año para incentivar la repetición. netflix.com
El plan no se queda ahí. Netflix ya confirma una tercera “casa” en la Strip de Las Vegas para 2027 y presume de heredar la experiencia de más de 40 pop-ups anteriores —de Bridgerton a Money Heist— que agotaron entradas en cuestión de horas. “Por fin existe un lugar donde esa historia de Netflix que no puedes soltar se vuelve tangible; un sitio donde puedes jugar, comprar y saborear tu serie favorita”, celebra Marian Lee, directora global de Márketing, en declaraciones a Tudum. netflix.com
La apuesta coincide con un fenómeno mayor: la reconversión de metros cuadrados vacíos en experiencias que den motivos para salir de casa. Malls y calles comerciales buscan fórmulas que combinen ocio, comunidad y consumo; Netflix aporta la propiedad intelectual, el relato y la base de fans. El modelo recuerda al éxito de las flagship stores de Lego o al parque temático de Harry Potter, pero con la ventaja de un catálogo vivo que se renueva cada mes. Además, la analítica de la plataforma —sabedora de qué título ve cada visitante— podría alimentar ofertas hiperpersonalizadas, fusionando datos online y presencia física.
En paralelo, el empresario tecnológico Mark Cuban advierte que la avalancha de contenido generado por IA hará que la autenticidad sea un bien escaso. “En los próximos tres años habrá tantos vídeos creados por IA que la gente no sabrá qué es real… y eso provocará una explosión de encuentros cara a cara”, escribió en Bluesky, bautizando el fenómeno como “efecto Milli Vanilli”. Su tesis: cuando la confianza en lo digital tambalee, las personas buscarán experiencias que puedan verificar con sus propios sentidos.
Airbnb ya se mueve en esa dirección. Tras alojar a más de dos mil millones de huéspedes, la compañía lanzó este mayo su mayor actualización desde 2007: Airbnb Services y un renovado programa de Experiences que opera en 650 ciudades y permite reservar desde chefs a domicilio hasta retiros de bienestar o clases de lucha libre con deportistas profesionales. “La forma más auténtica de conocer un destino es con los locales que mejor lo entienden”, defiende su cofundador y CEO, Brian Chesky, quien resume la estrategia con un guiño: “Ahora puedes ‘hacer un Airbnb’ más allá de un Airbnb”.
La convergencia es clara: plataformas nacidas en la nube desembarcan en la calle para capitalizar algo que el streaming o la IA todavía no pueden replicar, al menos por ahora: el escalofrío de una habitación plagada de Demogorgons, el sudor ante un desafío de Squid Game o la complicidad de una clase de ramen impartida por un chef local. Para las marcas, el contacto físico genera fidelidad y ticket medio más alto; para los centros comerciales, atrae tráfico y diversidad de público; para los usuarios, crea recuerdos que resisten el scroll infinito.
Las implicaciones para la industria de eventos son profundas. Los planificadores tendrán que diseñar experiencias híbridas donde la línea entre espectador y protagonista se difumine, incorporar tecnologías como realidad mixta y análisis de datos en tiempo real, y asegurar que la sostenibilidad —energética y narrativa— sostenga el flujo constante de novedades. La métrica clave ya no será solo aforo o gasto por visitante, sino “tiempo dentro de la historia” y su eco en redes sociales.
La apertura de Netflix House y la expansión de Airbnb ilustran una nueva era pos-digital en la que la autenticidad se convierte en moneda de cambio y las pantallas son solo el prólogo de la aventura. A medida que los algoritmos llenen el ciberespacio de simulaciones perfectas, el valor diferencial residirá en aquello que solo puede vivirse —y saborearse— en persona. Para consumidores ávidos de emociones genuinas, empresas creativas y ciudades que buscan reactivarse, la puerta se abre de par en par. Solo queda cruzarla.
