La Comisión Europea ha inaugurado la aplicación real de la Ley de Mercados Digitales (DMA) con sendas sanciones a dos gigantes tecnológicos estadounidenses. Apple deberá pagar 500 millones de euros por impedir que los desarrolladores informen a los usuarios de ofertas fuera de la App Store; Meta (Facebook e Instagram), 200 millones por su modelo de “pago o consentimiento”, que fuerza a los usuarios a elegir entre abonar una suscripción o ceder sus datos para publicidad personalizada.
Un aviso más que un castigo
Aunque las cantidades parecen abultadas, representan apenas una fracción de lo que la DMA permite imponer—hasta el 10 % de la facturación mundial anual de cada compañía. La Comisión ha explicado que, al tratarse de los primeros expedientes bajo la nueva normativa, ha ponderado la gravedad pero no la duración prolongada de las infracciones.
Reacciones: recurso inmediato y tono desafiante
Tanto Apple como Meta han anunciado que recurrirán las decisiones ante el Tribunal de Justicia de la UE, alegando que las restricciones impuestas a sus modelos de negocio son “desproporcionadas” y “contrarias a la innovación”. La apelación podría dilatar el proceso durante años, pero no suspende la obligación de pagar las sanciones ni de adoptar los remedios ordenados.
Un telón de fondo comercial envenenado
Las multas llegan en plena escalada arancelaria entre Bruselas y Washington, que ha tensado la agenda digital transatlántica. La Comisión insiste en que las decisiones “no están ligadas” a la guerra comercial, pero las amenazas estadounidenses de gravar productos europeos—y la presión doméstica para proteger datos y competencia—han convertido la DMA en un arma regulatoria clave.
¿Qué viene ahora?
- Cumplimiento forzoso: si Apple o Meta reinciden, la DMA permite sanciones de hasta el 20 % de su facturación mundial.
- Investigaciones adicionales: rumores en Bruselas apuntan a nuevos expedientes sobre interoperabilidad de mensajería y autopreferencia en motores de búsqueda.
- Efecto dominó global: otros reguladores—desde Reino Unido hasta Australia—observan el resultado para copiar la “vía europea”.
Las primeras multas bajo la DMA no vaciarán las arcas de Apple ni de Meta, pero marcan un antes y un después: Europa ya no se limita a advertir, sino que golpea donde más duele—el bolsillo— para moldear el comportamiento de las Big Tech. Los recursos judiciales pueden retrasar el desenlace, pero el mensaje es claro: la impunidad se encoge y la supervisión se expande en el mercado digital europeo.
